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sábado, 9 de mayo de 2015

LUCIAN BLAGA -9 MAI 1895







Lucian Blaga (1895-1961)
Poeta y filósofo, estudió en Brasov, su ciudad natal, y se graduó de
doctor en Filosofía en Viena. Su mundo lírico abarca la vida campestre
y los eternos movimientos de las estaciones dentro de una particular
mitología dispersa en el misterio de lo vegetal. Las palabras de Blaga
poseen un extraño encanto rítmico. Sus últimos poemas tienden a
exaltar la esencia vital de la naturaleza, lo que da una nueva luz al universo
de este hondo y meditativo poeta. Su rechazo categórico al marxismo
y comunismo le supuso años de marginación y le privó del
Premio Nobel, en 1956, bajo las presiones ejercidas por el gobiemo
rumano de entonces.
 
Obra: Poesía: Los poemas de la luz; Los pasos del profeta; En el gran
correr; La alabanza del sueño; En el vacilar de las aguas; En el castillo
de la añoranza; Los insospechados peldaños. Teatro: Zamolxis; El
maese Manole; La cruzada de los niños; El arca de Noé; Anton Pann.
Filosofía: La filosofia del saber; La trilogia de la cultura; La trilogia de los
valores. Narrativa: La barca de Caronte.
 
El roble

En la clara distancia, desde el pecho de una torre,
siento cómo se quema el corazón de una campana.
Y en los dulces sonidos
se me antoja
que gotas de silencio y no de sangre
son las que corren por mis venas.

¿Por qué, oh, roble, en el umbral de la selva,
cuando a tu sombra me acojo
y me acaricias con tus hojas trémulas,
por qué me vence con sus alas frágiles
tanta paz?

Imposibile saberlo. Tal vez de tu tronco
muy pronto han de hacer mi ataúd.

Y es quizá el silencio que me espera
dentro de mi ataúd el que ahora siento.
Gotea en mi alma desde tus hojas
y mudo
escucho crecer en tu tronco el ataúd.
Mi ataúd
creciendo en ti con cada instante que pasa,
oh, tú, roble en el umbral de la selva…

 




Quietud
 
Tanto silencio me rodea que me parece oír
el choque de los rayos de la luna en mi ventana.

Una voz ajena
despierta dentro de mi alma
y canta una canción dentro de mí
con un ansia que no es mía.

Se dice que los antepasados
que han muerto antes de tiempo,
con la sangre aún joven en las venas,
con grandes deseos en la sangre,
con mucho sol entre los deseos,
vuelven
para seguir viviendo dentro de nosotros
la vida que dejaron de vivir.

Tanto silencio me rodea que me parece oír
el choque de los rayos de la luna en mi ventana.

¡Ay, quién sabrá, alma mía,
dentro de qué pecho
cantarás tú más allá de los siglos,
en las dulces cuerdas del silencio,
en las arpas de la sombra –tus ansias ahogadas
y la vencida alegría del vivir! ¿Quién sabrá?
¿Quién sabrá?
 
Melancolía
 
Un errabundo viento borra sus lágrimas frías
en los cristales. Llueve.
Inquietantes tristezas me llegan, pero todo
el dolor que siento no lo siento en mí,
en el corazón,
en el pecho,
sino en las gotas pasajeras de la lluvia.
Injertado en mi ser el inmenso mundo,
con su otoño y su crepúsculo,
me duele como una llaga.
Hacia las peñas pasan las nubes de rebosantes ubres.
Y llueve.
 
Carta
 
No te escribiría ni siquiera esta línea,
pero los gallos cantaron tres veces en la noche
y tuve que gritar:
Dios mío, Dios mío ¿de quién renegué?

Soy más viejo que tú, Madre,
pero así como tú me conoces:
algo cargado de espaldas
e inclinado sobre las preguntas del mundo.

Ni hoy entiendo aún por qué me enviaste a la luz.
¿Solamente para andar por entre las cosas
y hacerles justicia, diciéndoles
cuál es más verdadera, cuál es más hermosa?
La mano se me detiene: eso es muy poco.

La voz se me apaga: eso es muy poco.
¿Por qué me enviaste a la luz, Madre,
por qué me enviaste?

Mi cuerpo cae a tu pies,
pesado como un pájaro muerto.
 
Ocaso
 
Sobre las mismas casas y las mismas cosas
dobla la campana del atardecer.
Me quedo en la encrucijada,
bajo el mismo cielo, con un día menos.
¿Qué fuegos se están apagando con los años
por debajo de los puentes? ¿Qué barcos nuevos?

Desde los muros me está buscando
la hora de las sombras.
¿Qué portón se está derrumbando?
¿Qué puerta se está abriendo?
Salen las edades y dejan caer sobre mí
auras de ceniza.

Demorándose bajo tiempos trastornados
¿qué amigo me corta el camino?
¿qué enemigo me sale al paso?
Ay, el ave fénix ya no vuela más
como otrora sobre la ciudad.

Siglo
 
Caminan por el mundo las máquinas sin alma.
Sobre las torres pasan rumores eléctricos Intercontinentales.
En los tejados las antenas palpan los espacios
de otros idiomas y de otras noticias.
 
Se están cruzando en la calle las señales azules.
En los teatros gritan las luces, exaltan la libertad del individuo.
Se vaticinan las catástrofes. Las palabras acaban en la sangre.
En algún lugar se sortea la camisa del vencido.

Llegados para castigar la ciudad, los arcángeles
se han extraviado en los bares con las alas chamuscadas.
La bailarina blanca les amasa la sangre y sonriendo
se para en las puntas como sobre cristal.
Pero arriba, a mil metros de altura, hacia el oriente,
las estrellas entretejen cuentos por entre los pinos
y a medianoche el hocico de los jabalíes
abre los manantiales.

Nacimiento
 
Joven criatura, he aquí que la primera luz
ha besado ya tu frente. A nosotros
el destino nos hace caminar muy de prisa
y tú, sin paso, nos has alcanzado.

Joven criatura desde ningún lugar llegada
en el imperio de la madre,
tierno cántaro dorado
desatado de las costillas de barro.
 
Triunfos, preocupaciones, asombros
viviremos muchas veces a tu lado.
Alzarás en nosotros una luz tan grande
como la que nos has elegido.

Bajo las más vivas estrellas
atizaremos el fuego para el mal de ojo.
Bajo los aleros del tiempo crecerás
lentamente, como una lágrima en los párpados.
 
Anno Domini
 
Sin aduana, otra vez la noche entra en el burgo.
Otra vez está nevando sobre las horas pardas.
Languidecen bajo los aleros de la catedral
los espíritus medievales del bosque.
 
Las campanadas del horologium despiertan al murciélago
del largo sueño en el cual se habia extraviado.
La ceniza de los ángeles quemados en el cielo
se nos está cayendo sobre los hombros y sobre las casas.
 




Anunciación para la flor del manzano
 
¡Alégrate, flor de manzano, alégrate!
He aquí, a tu alrededor, el polvo de oro
como una nube por el aire.
Brotan las hojas en todas partes
y de ningún lado. Ninguna criatura pregunta.
El polen caído en los cálices
lo están aguantando todas las flores,
como a las brasas, en dulces sufrimientos,
más allá de lo que se puede aguantar,
más allá de su propio ser.

¡Alégrate, flor como una concha!
y date cuenta:
no hace falta que sepamos todos
quién trae y difunde el fuego.
Pero, ves, yo soy el arcángel y tú eres la flor
y si me preguntas no puedo callar.
¿Quién trae este suave terremoto?
He aquí que es el Viento. Nadie más. Es el Viento,
el Príncipe jamás visto,
sin cuerpo, sin manos,
es el Príncipe de estas semanas.
!Alégrate, flor de manzano!
Y no temas por los frutos.
 
Final
 
Hermano, cualquier libro te parece una enfermedad vencida.
Pero quien te habla está en la tierra.
Está en el agua, en el viento.
O todavií más lejos.
 
Con esta hoja cierro las puertas y guardo las llaves.
Estoy en alguna parte, allí abajo o allá arriba.
Apaga tu vela y pregúntate:
el vivido secreto ¿adónde fue?
 
¿Permaneció aún en tus oídos alguna palabra?
Desde el cuento de la sangre
sitúa el alma hacia la pared
y la lágrima hacia el ocaso.



Si se le hubiese concedido el Premio Nobel en 1956, tal como se creía
y se estaba hablando insistentemente en aquel otoño, Lucian Blaga (1895-
1961) sería hoy un nombre muy conocido en el mundo de la cultura universal,
y su obra poética y filosófica estaría traducida a los más importantes
idiomas, objeto digno de lectura, estudio y admiración.

En la poesía europea del siglo XX, Blaga abre en solitario un camino
nuevo hacia el realismo mítico, revelando horizontes todavía por explorar,
y es uno de los más grandes y sorprendentes creadores de imágenes poéticas;
el primero que, dentro de la filosofía de la cultura, argumenta y establece
el papel ontológico complementario de la metáfora, cuya génesis
coincide con la del hombre mismo, como segundo hemisferio que redondea
el destino de éste y le da una dimensión particular, bajo la tutela protectora
del misterio cósmico.
 
Desde su Transilvania natal, con Los poemas de la luz (1919), su
primer libro, asumiendo los valores autóctonos consagrados, Blaga
redimensiona y enriquece el universo de nuestra poesía, desconcertada
en sus andares después e incluso antes de la Gran Guerra. Su mundo
lírico, los temas, los objetos poéticos y, sobre todo, su originalidad
y vocación universalista, le instalan para siempre entre nuestros poetas
más importantes y de más influencia en las edades jóvenes, hasta hoy en día.

Metafísico postkantiano, conocedor temprano, casi adolescente, de
las culturas orientales, formado en la mejor escuela de la filosofía alemana,
Blaga aporta a este dominio una cantidad impresionante de informaciones
científicas. Su virtud particular de pensar en imágenes sensibles le sirve, la
mayoría de las veces, para crear por medios metafóricos una terminología
específica que, al definir realidades psicológicas menos estudiadas, circulará
de modo corriente, ignorándose casi siempre sus orígenes.

Blaga es, entre otras cosas, el fundador de la matriz estilística de una
cultura y del espacio miorítico, fundamento del alma creadora rumana, el
primero en revelar, más allá de Jung, la influencia de los horizontes temporales,
anabásicos y catabásicos, del subconsciente colectivo en una
sociedad. La función creativa del misterio —El Gran Anónimo — o la
perspectiva sofiánica en la cultura bizantina, determinante para la espiritualidad
de los Balcanes, son otras contribuciones suyas en esta disciplina.
También, Blaga es el primero que intenta sacar el dogma del territorio
tutelar de la teología, para investigarlo estructuralmente en sus
aspectos intelectual y metafísico, ofreciendo en El eón dogmático (1931)
argumentos, sugerencias y caminos que nadie ha recorrido hasta ahora
por desconocerlos.
 
Como científico, especializado en biología teórica, Blaga anticipa una
de las más atrevidas hipótesis de la antropogénesis, la ley hipotética de los
techos biológicos
(1948), atisbo genial que incluso hoy, si se conociera, ahorraría
tiempo a los sabios que tratan de sacar al hombre de la gran duda de
su existencia.
 
Blaga, poeta y filósofo. El primero, con el asombro frente a la realidad
transparente; el segundo, con el desconcierto frente a la naturaleza
interior de esta realidad. Entre uno y otro no hay separación alguna.
Caminan juntos, labrando la misma materia, salvaguardando a veces, uno
para el otro, contrariedades e inquietudes. Tanto, que estudiar a uno sin
conocer al otro sería una equivocación. Como también lo es, por su artificialidad,
la opinión que considera su poesía «complemento sacerdotal»
de su filosofía.
 
Por su obra, en 1956, Lucian Blaga merecía plenamente el Premio
Nobel; de habérsele otorgado, no habría sido un Nobel solamente para él.
Otros dos acontecimientos muy importantes se hubieran producido en
aquella ocasión. Casi irreversibles, porque van juntos y dependen de factores
y circunstancias que surgen muy raras veces en la vida espiritual de
una nación.

Por aquello años, a pesar de la instauración del comunismo, la cultura
rumana se hallaba en su primer momento estelar de expresión. Y un
Premio Nobel, que a veces tiene esta segunda virtud, hubiera propiciado
la conjunción astral, haciendo que —lo digo con sus palabras— nuestra
historia pasara del punto muerto de su nadir.
 
Este milagro —porque milagro hubiera sido— no se ha dado: el laureado
de aquel año fue Juan Ramón Jiménez, que, igual que Blaga y otros
más, lo merecía con creces. Como primero, y hasta ahora único traductor
rumano de su poesía y prosa poética, no estoy cuestionando la justedad
de los que, con pleno derecho, lo decidieron así, ni trato tampoco de
hacerle justicia póstuma a Blaga. Modestamente, mi propósito consiste en
mostrar la injusticia que todavía conocen las culturas menores frente a las
mayores, y, sobre todo, en subrayar la criminalidad moral y física del totalitarismo
estalinista, época infausta que, al no vivirla en su carne, Occidente
viene juzgando con condenable condescendecia.
 
Con su vida y obra, Blaga ilustra las dos condiciones y, en ello, el Premio
Nobel es tan sólo una casualidad que, al no cumplirse, pasa a ser un
dato casi ucrónico, asimilable a la definición de Charles Renouvier: un
hecho de cultura que no se ha producido pero que hubiera podido y podrá
producirse o no. Digo casi ucrónico para limitarlo a su verdadera actuación
de accidente que no premia una cultura, sino un nombre de ésta.
 
Por suerte, la mejor biblioteca universal es ilimitada y acoge un sinfín
de nombres que bien hubieran podido ennoblecer la memoria de Alfred
Nobel, nombres que uno da por seguro como galardonados y no lo han
sido: Tolstói, Ibsen, Twain, Verne, London, Darío, Conrad, Proust,
Kafka, Rilke, Joyce, Sanburg, Kavafis, Musil, Lorca, Bulgákov, Valéry,
Pavese, Kazantzakis, Ajmátova, Huxley, Borges, Malraux, Moravia, Casares,
Green, Mishima, Ionescu, Sábato, Yourcenar
, y un largo etcétera.

Con iguales méritos, Blaga tampoco está en estos anaqueles, donde
—es fácil observar— se da cabida exclusiva a los escritores de las culturas
mayores, y, sólo por un afortunado desliz, a los que llegan de las culturas
menores. En cambio, Juan Ramón sí está; está por partida doble. Y estaría
incluso sin el accidente del Premio Nobel, con el cual se ha hecho sin saberlo
y desconociendo a los demás concursantes.
 
Motivo de más para que, entre el «andaluz universal» y el transilvano
a secas, me quedara con los dos, tan parecidos y cercanos, hasta en el destino,
que las diferencias cuentan muy poco. En la obra de los dos hay poemas
que bien hubieran podido ser escritos de uno para el otro. Tanto que,
mientras estaba traduciendo Jardines lejanos o Eternidades, ha sido Blaga el
que me decía, desde sus Poemas de la luz o En el gran pasar, cómo quedaban
mejor. Luego, vertiendo los poemas de éste al español, don Juan
Ramón, al lado de Machado, me ha servido de guía idóneo para no perder
la tensión y la emoción de la palabra blagiana. Juntos están en mi
biblioteca, separados tan sólo por el desengaño de la incumplida conjunción
en el cielo rumano.
.............................................................................
Darie Novăceanu - 2015
R. Reservados todos los derechos

sábado, 14 de febrero de 2015




Sărbătorile poeziei




Lucian Blaga (1895-1961)



Poeta y filósofo, estudió en Braşov, su ciudad natal, y se graduó de en Filosofía en Viena. 
Su mundo lírico abarca la vida campestre

y los eternos movimientos de las estaciones dentro de una particular mitología dispersa en el misterio de lo vegetal. 
Las palabras de Blaga poseen un extraño encanto rítmico. Sus últimos poemas tienden a

exaltar la esencia vital de la naturaleza, lo que da una nueva luz al universo de este hondo y meditativo poeta. Su rechazo categórico al marxismo y comunismo le supuso años de marginación y le privó del Premio Nobel, en 1956, bajo las presiones ejercidas por el gobierno rumano de entonces.

Obra. Poesía: Los poemas de la luz; Los pasos del profeta; En el gran

correr; La alabanza del sueño; En el vacilar de las aguas; En el castillo

de la añoranza; Los insospechados peldaños. Teatro: Zamolxis; El

maese Manole; La cruzada de los niños; El arca de Noé; Anton Pann.

Filosofía: La filosofía del saber; La trilogía de la cultura; La trilogía de los

valores. Narrativa: Hronicul şi cântecul vârstelor;  La barca de Caronte.





GORUNUL  

În limpezi depărtări aud din pieptul unui turn
cum bate ca o inimă un clopot
şi-n zvonuri dulci
îmi pare
că stropi de linişte îmi curg prin vine, nu de sânge.

Gorunule din margine de codru,
de ce mă-nvinge
cu aripi moi atâta pace
când zac în umbra ta
şi mă dezmierzi cu frunza-ţi jucăuşă?

O, cine ştie? - Poate că
din trunchiul tău îmi vor ciopli
nu peste mult sicriul,
şi liniştea
ce voi gusta-o între scândurile lui
o simt pesemne de acum:
o simt cum frunza ta mi-o picură în suflet -
şi mut
ascult cum creşte-n trupul tău sicriul,
sicriul meu,
cu fiecare clipă care trece,
gorunule din margine de codru.




EL ROBLE

En la clara distancia siento desde el pecho de una torre

cómo suena el corazón de una campana,

y en los dulces sonidos

se me antoja




que gotas de silencio y no de sangre

son las que corren por mis venas.

¿Por qué, oh, roble en el umbral de la selva,

cuando a tu sombra me acojo

y me acaricias con tus hojas trémulas,

por qué me vence con sus alas frágiles

tanta paz?

Oh, ¿quién sabe? Tal vez de tu tronco

han de hacer muy pronto mi ataúd.

Y quizás es el silencio que me espera

dentro de mi ataúd el que ahora siento.

Gotea en mi alma desde tus hojas

y, mudo,

escucho cómo crece en tu tronco mi ataúd.

Mi ataúd

creciendo en ti con cada instante que pasa,

oh, roble en el umbral de la selva...



YO NO APLASTO LA COROLA

DE MILAGROS DEL MUNDO

Yo no aplasto la corola de milagros del mundo

ni extermino

con la inteligencia los enigmas que encuentro

en mi senda,

en las flores, en los ojos, sobre labios o tumbas.

La luz de los otros

ahoga el hechizo de lo desconocido que se esconde

en las profundidades de la oscuridad,

pero yo,

yo con mi luz amplío el misterio del mundo,

y tal como la luna con sus blancos rayos

no disminuye, sino que, temblorosa,

hace crecer más aún el secreto de la noche,

así también enriquezco yo el oscuro horizonte

con altas flores de sagrado misterio

y todo lo que es incomprensible

cambia en misterio más grande todavía

bajo mis miradas,

porque yo amo

flores y ojos y labios y tumbas.



MELANCOLÍA

Un errabundo viento borra sus lágrimas frías

en los cristales. Llueve.

Inquietantes tristezas me acosan, mas todo

el dolor

que siento, no lo siento dentro de mí,

en el corazón,

en el pecho,

sino en las gotas pasajeras de la lluvia.

Injertado en mi ser el inmenso mundo,

con su otoño y crepúsculo,

me duele como una llaga.

Hacia las peñas pasan las nubes de rebosantes ubres.

Y llueve.



EN EL TRIGAL

De tanto oro estallan los granos de trigo.

Por aquí y por allá gotas rojas de amapola,

y en el trigal una muchacha

de largas pestañas cual espigas de cebada.

Ella cosecha con la mirada las gavillas claras del cielo

y canta.

Yo yazgo a la sombra de unas amapolas,

sin anhelos, sin remordimientos, sin pesares

y sin ambiciones. Soy solamente cuerpo

y solamente barro.

Ella canta,

yo estoy escuchándola.

Sobre sus labios calientes brota mi alma.



EL ALMA DE LA ALDEA

Niña, deja las manos sobre mis rodillas.

Yo creo que la eternidad ha nacido en la aldea.

Ahí todo pensamiento es más pausado

y el corazón late suavemente,

como si no lo tuvieras en el pecho,

sino en lo profundo de la tierra, en cualquier lugar.

Ahí se cura la sed de redención

y tus pies, si te han sangrado,

los asientas sobre un estrado de tierra.

He aquí que anochece.

El alma de la aldea pasa cerca de nosotros.

como un olor de hierba recién cortada,

como una caída de humo desde aleros de paja,

como un salto de cabritos sobre las tumbas altas.



HE COMPRENDIDO EL PECADO

QUE ESTÁ PESANDO SOBRE MI CASA

He comprendido el pecado que está pesando sobre mi casa

como un musgo ancestral.

Oh, ¿por qué he interpretado el tiempo y el horóscopo

de otro modo que la vieja que enría su cáñamo en el charco?

¿Por qué he querido otra sonrisa que la del cantero

que hace chispear la piedra al borde del camino?

¿Por qué he ansiado otro destino

en el mundo de siete días

que el campanero que acompaña

a los difuntos hacia el cielo?

dame tu mano, viajero que te alejas

y tú que te estás acercando.

Todos los rebaños de la tierra

llevan auras santas sobre sus cabezas.

De otro modo me aprecio desde ahora,

uno entre muchos, y me sacudo de mí mismo

como un perro que ha cruzado un río maldito.

Quiero que mi sangre corra por los cauces del mundo

para hacer girar las ruedas de los molinos celestes.

Me estremezco de felicidad:

todo el día por encima de mí,

poderosas, las bandadas de los pájaros

han apuntado con sus triángulos

hacia metas luminosas.



PARAÍSO DESHILADO

El portero alado sostiene todavía

un pomo de espada sin llamas.

No lucha contra nadie

pero se siente vencido.

En todos los prados y en el campo

querubines con el pelo plateado,

sedientes de verdad,

pero las aguas de las fuentes

rechazan sus vasijas.

Surcando sin ímpetu,

con arados de madera,

los arcángeles se quejan

por el peso de las alas.

Pasa por entre los soles vecinos

la paloma del Espíritu Santo,

apaga con el pico las últimas luces.

De noche, los ángeles desnudos

tiritan y se duermen en el heno:

ay de mí, ay de ti,

las muchas arañas enturbiaron el agua viva.

Algún día se pudrirán hasta los ángeles

bajo el surco,

la tierra marchitará los cuentos

del  triste cuerpo.









PASĂREA SFÂNTĂ   



Întruchipată în aur

                de scluptorul Constantin Brâncuşi



În vântul de nimeni stârnit

hieratic Orionul te binecuvântă,

lăcrimându-şi deasupra ta

geometria înaltă şi sfântă.



Ai trăit cândva în funduri de mare

şi focul solar l-ai ocolit pe deaproape.

În păduri plutitoare-ai strigat

prelung deasupra întâielor ape.



Pasăre eşti ? Sau un clopot prin lume purtat ?

Făptură ţi-am zice, potir fără toarte,

cântec de aur rotind

peste spaima noastră de enigma moarte,



dăinuind în tenebre ca în poveşti

cu fluier părelnic de vânt

cânţi celor ce somnul şi-l beau

din macii negri de sub pământ.



Fosfor cojit de pe vechi oaseminte

ne pare lumina din ochii tăi verzi.

Ascultând revelaţii fără cuvinte

sub iara cerului zborul ţi-l pierzi.



Din văzduhul boltitelor tale amiezi

ghiceşti în adâncuri toate misterele.

Înalţă-te fără sfârşit,

dar să nu descoperi niciodată ce vezi.

           






EL SANTO PAJARO



                        Esculpido en oro por Constantin Brâncuşi



En el viento por nadie desencadenado

hierático Orión te bendice,

llorando sobre ti

su alta geometría santa.





Viviste alguna vez en el fondo del mar

y al fuego solar diste vueltas muy de cerca.

En bosques flotantes gritaste

a lo ancho sobre las primeras agua.



¿Eres pájaro o una campana llevada por el mundo?

Te llamaríamos criatura, cáliz sin asas,

canto de oro girando

sobre nuestro miedo de enigmas muertos,



Perdurando en las tinieblas como en los cuentos

con flautas que recuerdan el viento

cantas  para los que beben el sueño

de las negras amapolas debajo de la tierra.



Fósforo caído de las antiguas osamentas

se nos parece la luz de tus verdes ojos.

Escuchando revelaciones sin palabras

bajo la hierba del cielo te pierdes el vuelo.



De el alto cielo de tus abovedadas mediodías

adivinas todos los misterios de las profundidades.

Álzate sin fin,

pero sin decirnos jamás lo que estás viendo.

               



ALDEA NATAL

Para Ion Pillat

Vuelvo después de veinte años por las mismas callejuelas,

donde he sido el amigo pequeño de la tierra de la aldea.

Ahora llevo dentro de mí la fiebre de la eternidad,

negra rémora, herejía culpable.

Nadie me conoce. Solamente el viento y el chopo

de oro. El chopo sostenido por un hilo invisible como el del huso.

Confundida, la torre seguirá mirando dos horas detrás de mí,

hasta que me pierda de nuevo bajo la raya del ocaso.

¡Cuánto ha cambiado todo! Las casas son más pequeñas

que las crecidas en mi recuerdo.

La luz golpea las paredes de otro modo, las aguas transcurren

de otro modo por entre las riberas del río.

La puertas se abren solamente para confesar su asombro.

Pero ¿por qué he vuelto? La claridad del alma no se ha cumplido,

mi tiempo feliz, mi hora más feliz

todavía no ha llegado. Mi hora espera aún

bajo cielos que aún no existen.



EL SOL IBÉRICO

Soy hombre de bosque y me gusta la hoja.

Pero en el pinar de Estoril,

bajo el sol tórrido,

ninguna sombra encuentras

para defenderte de los rayos.

Allí los manantiales no se abren.

Aventados por los molinos de viento,

los abrasantes olores pueden matar.

Me ilusiono un instante

con el océano que se vislumbra en el horizonte,

pero el agua tampoco tiene sombra

para cubrir mi corazón enfermo.

Para cubrir mi corazón enfermo

añoro las caricias húmedas del rocío,

las gloriosas caricias de Valaquia,

espesa y ancha, refrescante colina.



EL GRILLO

Pesado es todo: el tiempo, el paso.

Pesado el partir, el descanso.

Pesado el polvo, el espíritu,

pesado sobre los hombros aun el aire.

El peso más pesado, más grande

será el final del camino.

Para conciliarme con ello,

el grillo canta en el fogón:

Menos pesada que la vida

es la ceniza, la ceniza.



DON QUIJOTE

Sancho, ¿ves cómo nos lleva

la buena suerte por los países de piedra?

Caliente está la noche, como un horno.

Y hemos pasado la mala encrucijada.


Sancho, ¿ves en el horizonte señales,

las estrellas que nos acompañan

por el país azul,

empeñándose en guiarnos?


¿Qué divisas en las altas cumbres?

¿Molinos de viento de aspas blancas?

¿O son los traviesos dragones?


¿Qué derrotas nos están esperando?

¿O los molinos no son más que ángeles

que del cielo se cayeron sobre las Españas?



FINAL

Hermano, cualquier libro te parece una enfermedad vencida.

Pero quien te ha hablado está en la tierra.

Está en el agua. Está en el viento.

O todavía más lejos.

Con esta hoja cierro las puertas y guardo las llaves.

Estoy en cualquier parte, arriba o abajo.

Apaga tu vela y pregúntate:

el vivido misterio, ¿a dónde se ha ido?

¿Aún queda en tus oídos alguna palabra?

Desde el contado cuento de hadas de la sangre

vuelva tu alma hacia la pared

y la lágrima hacia el ocaso.









PARA LOS LECTORES

Allí está mi casa. Más allá, el sol y el huerto con colmenas.

Vosotros pasáis por el camino, miráis por entre las rejas

y esperáis a que os hable. ¿Cómo empezar?



Creedme, creedme,

se podría hablar sobre cualquier cosa cuanto se quisiera,

sobre el destino y sobre la serpiente del bien,

sobre los arcángeles que surcan con su arado

los jardines del hombre,

sobre el cielo hacia el cual crecemos,

sobre el odio y la caída, sobre tristezas y crucifixiones,

y más que nada sobre el gran pasar.

Pero las palabras son las lágrimas de los que quisieron

llorar y no pudieron.

Son tan amargas las palabras todas;

por esto, dejadme

pasear mudo por entre vosotros,

salir a la calle con los ojos cerrados.

...........................................................

© Darie Novăceanu - Lucian Blaga - Antología poética general. Versión española, selección, notas, estudio introductorio y epílogo. Editorial Prensas Universitarias de Zaragoza - 2006